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7/9/08

Critica Teatral: "The pillowman"



La noche de ayer, pasamos con LM por calle corrientes y nos metimos a ver “The Pillowman” (el hombre almohada) en el Lola Membrives.

Esta obra pertenece a un escritor británico llamado Martin McDonagh quien crea en sus textos un teatro difícil, creativo y largo.

El guión me pareció brillante y lleno de hallazgos. La estructura inicial es un escritor joven, Katurian Katurian (Echarri), que abre la escena en el momento en que acaba de ser detenido para un interrogatorio por dos policías llenos de arrogancia, burlas y amenazas. Se lo acusa de haber instigado tres horrendos asesinatos de niños que involucran también a su hermano Michal, débil mental por medio de la publicación de algunos de sus cuentos en cuyas tramas se identifica la presencia constante de niños maltratados.

Katurian escribe cuentos tétricos, breves alegorías que parecen nutrirse de la sustancia tradicional del relato para chicos pero que encierran en su devenir y remate una espeluznante perversidad. Los policías atesoran todos los originales y los van usando como pistas para recorrer un intrincado sendero psicótico. Sus conclusiones y los recuerdos de Katurian remiten a escenas complementarias donde los padres de ambos hermanos cobran cierto protagonismo.

En un diseño escenográfico probablemente tomado de la puesta original inglesa, dos escenarios pequeños se iluminan al fondo y en lo alto para graficar con las pesadillas que son puntos de referencia para ir entendiendo la compleja trama. Así sabremos que Michal, demencial pero fiel y prolijo lector de Katurian, podría ser el autor inimputable de los asesinatos cuya ejecución sigue el diseño de los cuentos.

Según este esquema, quedaría un solo y verdadero culpable, el que soñó y escribió esos crímenes. En el otro ángulo del cuadro pero componiendo la misma figura, está la personalidad tortuosa de los investigadores que admiten haber sentenciado a muerte a su prisionero, sin juicio previo. La conexión de estos represores con algunos elementos enervados de la conducta de Katurian proyecta un efecto espejo de alcances bastantes obvios y hasta infantiles, pero le sirve al autor para reforzar las patas en las cuales se asienta su propuesta.The Pillowman es una obra que exige a los espectadores prestar mucha atención y no distraerse en ningún momento dado que la duración de la obra no admite distracciones. Son dos horas y media en las cuales los personajes no salen nunca de escena por más de 2 minutos y que durante esos momentos desarrolla otros aspectos de la historia.

En cuanto a los actores, Echarri se la juega como Katurian, personaje tortuoso y lleno de trampas. Inteligente y con entrega en ningún momento se aleja del personaje. Belloso es ideal para ese hermano que fue torturado y que en el fondo no aloja odio sino que siempre tiene a Katurian como su modelo a seguir.

Vando Villamil, interpreta a un policía malo-bueno llamado Topolski que se enfrenta a su compañero Ariel (Carlos Santamaría) que encarna a la vez al policía bueno-malo con quien siempre se sacan chispas por la calidad de sus trabajos.

En conclusión, no se trata de una obra clásica, más bien todo lo contrario. Exige poner mucho de uno para no perderse y a su vez destaca la existencia de un final sobre el cual rueda toda la trama que cabe a cada espectador decidir si ha llegado o si han quedado cabos sueltos.

Altamente recomendable.-

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