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31/5/09

Me presento como "Amicus Blogare" en el debate Bovino - Marino sobre enseñanza del Derecho

Estimados, dada la repercusión que está teniendo el debate propuesto por Tomás Marino en su blog respecto de la enseñanza del derecho en las Facultades y la réplica del gran Bovino en el día de ayer, he decidido presentar mis opiniones en carácter de Amicus blogare, toda vez que si bien no soy protagonista del mismo, hay circunstancias que atañen a mi vida como docente que me llevan a aportar mis ideas como tercero no parte.

En primer lugar, aclaro que a lo largo de mi exposición –la cual he estructurado en distintos puntos-- pretendo evaluar ambos puntos de vista y dar mi opinión acerca de los mismos para luego pasar a realizar un análisis crítico de la situación actual en que se encuentra la enseñanza de la disciplina en las Facultades públicas y/o privadas.

I. “…los estudiantes han dejado de ser estudiantes y pasaron a ser personas que vienen a escuchar la clase”.

Esta frase de Bovino, confeso “abogado que da clase”, al cual tuve la suerte de escuchar durante un cuatrimestre entero en Régimen del Proceso Penal hace unos años, arroja un cachetazo de realidad para todos aquellos que desean escudarse en el viejo clishé de que los estudiantes son los primeros perjudicados por la “mala educación” que generan las facultades de derecho debido a que los staffs de profesores son malos y alejados de todo tipo de contacto con el conocimiento puro que exige la práctica abogadil al momento de abandonar las aulas.

Considero que la frase de Bovino es cierta, estamos ante una falta de voluntad grande por parte de cada una de las generaciones que a lo largo de la carrera universitaria van pasando por nuestras aulas, dado que si bien es una verdad incontrastable que la enseñanza del derecho siempre fue abstracta, la persecución del “título” como fin único de la carrera universitaria con la idea de que un futuro económicamente sólido viene de la mano de la obtención del diploma y la correspondiente matriculación lleva a que los alumnos se inscriban en un gran número de cursos aprovechando las posibilidades de un régimen laxo a nivel curricular.

Esta situación, se traduce en seleccionar las clases a las cuales van a asistir los alumnos de acuerdo con la obligación de acreditar la asistencia a las 2/3 partes de las clases, o bien ir rotando por aquellas en las que no se toma lista y les permitirá pasar la nota en el acta de libres correspondiente al fin del cuatrimestre.

II. Los “abogados que dan clase”.-
Esta frase que describe, de acuerdo con lo expresado por Bovino en su video, la existencia de abogados que están al frente de un curso sin haber tenido ningún tipo de preparación de orden pedagógico para poder enfrentar con conocimiento de base la obligación docente, invita a una segunda reflexión sobre el tema.

La realidad que enfrentamos aquellos que somos abogados y participamos de la actividad docente desde hace bastante tiempo, incluso desde antes de ser abogados, es que uno llega la momento de “dar clase” luego de haberse sumado al grupo que conforma una cátedra tras haber pasado por sus manos como alumno o bien por haber encarado al profesor y pedirle la oportunidad de sumarse. En cualquiera de los dos casos, queda claro que lo que lleva a uno a sumarse a una cátedra es el “querer dar clase”.

Ahora bien, luego de atravesar el “cursus honorum” de cada cátedra, el cual puede consistir en profundizar los conocimientos sabre la materia para estar preparado y poder responder cualquier tipo de preguntas o bien asistir a un cuatrimestre entero a “mirar” como sus compañeros más experimentados del grupo dan sus clases, llega el momento de pasar al frente del pizarrón y desarrollar el tema que le fuera asignado al momento de programar el cuatrimestre.

El debut en la docencia, es algo único que le queda a uno grabado para siempre y que de acuerdo con las experiencias que haya tenido a lo largo de esa primera clase van a determinar si es realmente lo que uno quiera hacer durante los años posteriores.

En caso que uno decida tomar la responsabilidad de “enseñar derecho” ya sea que esté graduado o no, la vida le va a exigir una serie de responsabilidades de que llevan implícita la posibilidad de dar la clase. Las mismas son de las más variadas y van desde la programación de los trabajos prácticos hasta la lectura de nuevos libros o artículos para aumentar su masa de conocimientos respecto de la materia.

Sin embargo, paralelamente a esa situación existe la obligación de empezar a adquirir los conocimientos propios de la ciencia del docente, los cuales son impartidos por las correspondientes áreas o departamentos de las facultades tendiendo como objetivo la preparación de los futuros docentes.

Es en este punto donde nuestro “abogado que da clase” choca contra el sistema que genera su irregularidad en lo respectivo a la adquisición de conocimientos pedagógicos.

Digo “choca” porque ya sea que se trate de un abogado recién recibido o un abogado de más de diez años de experiencia profesional, ellos deberán esperar a que sea el departamento de la Facultad especializado en la formación de docentes el que decida recibirlos en lugar de que sea al revés.

Deberá esperar a la convocatoria de ingreso a nuevos auxiliares docentes para poder comenzar a adquirir los conocimientos que imparte el departamento, los cuales acreditarán una serie de puntos de calificación a los fines de darle una equivalencia con la cantidad de horas invertidas en la adquisición de “conocimientos docentes”.

Luego de ello, el régimen interno dispondrá cuales serán los pasos a seguir a lo largo de este “docente con papeles” (digo “docente con papeles” porque su situación está regularizada debidamente ante la Facultad).

Pero, a todo esto, ¿Dónde nos quedaron los flamantes abogados con vocación docente ó los alumnos que desean formar parte de la cátedra por la cual pasaron tiempo atrás?. En el mismo lugar que el “docente con papeles” pero viviendo en la clandestinidad de un sistema que al igual que el Poder Judicial con los meritorios, tiene la falta de sinceridad para reconocer que los grupos docentes muchas veces están formados por alumnos que siguen siendo alumnos y han decidido que quieren aprender a dar clase.

Así es mis amigos como nos encontramos ante la situación que platea la enseñanza del derecho actual en una de la Facultades de Derecho más grande de Sudamérica.

Volviendo al tema de la formación y adquisición de conocimientos docentes, hace un par de años, la Universidad de Buenos Aires, dispuso la creación de una carrera de profesorado en cada una de las facultades en que se dictan las carreras de grado.

En el caso del derecho, se ha creado el Profesorado par ala enseñanza Media y Superior en Ciencias Jurídicas, carrera que pese a tener un título sumamente ampuloso, presenta un sinnúmero de dificultades a la hora de pasar a la realidad cotidiana.

En primer lugar, cabe destacar que es una carrera que consta de nueve materias las cuales se deben cursar de manera paralela o posterior a las últimas del CPC en nuestra carrera. Para aquellos que no conozcan la distribución curricular de la UBA les comento que es necesario aprobar entre 12 y 14 materias antes.

El requisito de la cantidad de materias no me parece ilógico ni irrazonable dado que es necesario que quienes decidan encarar la aventura de adquirir conocimientos docentes deben estar seguros de qué carrera de fondo es la que quieren estudiar y sobre todo haber transitado algunos cuatrimestres por los pasillos de la Facultad.

Sin embargo, el problema que existe dentro del profesorado es la equivalencia del título con los contenidos de las horas exigidas por el departamento de formación docente de la Facultad, toda vez que desde el profesorado argumentan que la formación docente de la facultad debería desaparecer para que todos aquellos que desean ejercer la docencia cursen el profesorado y de esa manera cuenten con un título oficial expedido por la universidad y no con un nombramiento expedido por la Facultad el cual solamente tiene validez dentro de la misma Facultad.

Por su parte, desde el área de formación docente se alega que el profesorado es un título que habilita a practicar la docencia a nivel secundario, razón por la cual el departamento de la Facultad debe seguir funcionando porque es el único lugar que habilita a los nuevos profesores a ingresar y perfeccionar sus conocimientos.

Ante esta situación se encuentran todos aquellos que deciden emprender la aventura del dar clases dentro de nuestra facultad. Por un lado la posibilidad de cursar una carrera paralela al derecho que les permita conocer las herramientas técnicas propias de la docencia y por otro la falta de coherencia entre los órganos de la Facultad que con tal de no perder protagonismo llegan a desconocer la validez de una resolución de la Universidad que deja en claro la cuestión acerca de cuales son los objetivos de las carreras de profesorado.

Con estas reflexiones doy por concluido el punto referido a “los abogados que dan clase”

III. El modelo de enseñanza en la realidad.

Pasemos ahora a analizar, cual es la situación real de intercambio de conocimientos que se produce dentro de un aula de nuestra Facultad sin poner el ojo en quienes son los sujetos activos y pasivos del aprendizaje, sino en cuales son los contenidos que se enseñan.

Como bien lo puntualiza Marino, hemos llegado a un grado tal de abstracción que podemos llegar a enseñar y dar por sabidas situaciones propias del ejercicio de la práctica abogadil que son sumamente complejas y que de acuerdo con el paradigma de enseñanza actual se dan por comprendidas con la sola repetición de memoria de contenidos normativos ó la referencia aislada a precedentes jurisprudenciales.

La realidad de la vida del estudiante de derecho nos demuestra que de manera complementaria a la adquisición de conocimientos en la Facultad hay otra escuela de derecho paralela a la enseñanza oficial. Esa escuela es el trabajo-

Hoy en día, de acuerdo con las estadísticas tomadas como punto de partida para el trabajo de Marino, nos encontramos enseñando contenidos a personas que tienen entre 18 y 25 años que de manera paralela a la Facultad, reciben una enseñanza cargada de una practicidad total fruto de trabajar en las distintas ramas e instancias de la justicia ó en la actividad privada como procuradores y asistentes legales.

Es este complemento laboral el que suplementa de manera perfecta la falta de practicidad en la enseñanza universitaria del derecho.

A modo de ejemplo, voy a dar mi experiencia personal. Allá por el año 2004 estaba cursando mi cuarta o quinta materia y al cuatrimestre siguiente tenía que cursar derecho procesal civil. Por ese entonces, formaba parte de la masa de estudiantes absolutamente teóricos que asisten a nuestras aulas dado que nunca en mi vida había tocado un expediente judicial.

Fue así que tomé la determinación de buscar trabajo como meritorio en algún juzgado civil o comercial que me permitiera acercarme a la práctica procesal dado que sino, pensaba, sería carne de cañón al cursar el próximo cuatrimestre la materia procesal.

En la búsqueda recuerdo haber consultado a un estudiante unos años más grande que yo que había trabajado un tiempo y luego había dejado. El me recomendó ir a las carteleras que en esa época estaban en la puerta de la facultad y buscar los avisos de los distintos juzgados que convocaban meritorios estudiantes de derecho.

Esperé a que llegara el miércoles, día en que no cursaba en la facultad y me fui a recorrer los distintos lugares en los cuales pedían gente. En mi raid llegué al edificio de Marcelo T y Callo frente al Colegio Pellegrini y luego de golpear varias puertas fui admitido en un Juzgado Federal de la Seguridad Social.

Quien lea estas líneas dirá “como es que este tipo terminó en un juzgado previsional?” la respuesta es sencilla: luego de charlar con la Secretaria, le comenté cual era mi idea respecto de poder complementar la enseñanza teórica que me daba la facultad. Ella me contó que si bien en su Juzgado no había causas relacionadas con el derecho Civil, el Código Procesal Civil y Comercial se utilizaba por completo dado que por la materia de los juicios, existía la posibilidad de que luego de la sentencia de Cámara las partes apelaran ante la Corte Suprema su decisión. (Aclaración: todo esto fue antes de Itzcovich).

Su respuesta me dejó sumamente conforme y decidí quedarme en el Juzgado durante el invierno del año 2004 antes de la feria con la idea de irme en Diciembre porque no era lo que yo estaba buscando pero me ayudaría en el cuatrimestre con la Facultad.

Llegó el segundo cuatrimestre, empecé a cursar derecho procesal civil con una Dra. Jueza del fuero Civil de la Capital y les juro por todos los libros de derecho del mundo que en ningún momento de esa cursada se escuchó la palabra “proveído”, “meritorio”, “día de nota”, “pila”, “tres barritas”, “cargo manual ó electrónico” entre otras.

La enseñanza de la materia fue sumamente teórica, exegética y despegada por completo de las toneladas de realidad jurídica que recibía día a día desde las 7.30 de la mañana atendiendo una mesa de entradas de un Juzgado de Seguridad Social.

Me estudié los artículos del Código de memoria y las teorías del proceso de Calamandrei para complementar la redacción del parcial. La nota final fue 8. La materia fue aprobada con éxito de acuerdo con los cánones vigentes y pasé a la siguiente en el plan de estudios, pero la realidad fue innegable: de la práctica del derecho no se enseñó nada. Todo se postergaba al famoso práctico profesional del cual estábamos a casi 18 materias de poder acceder.
Lo que quiero aportar con estas líneas es que de manera paralela a la educación estrictamente teórica que nos da la facultad, el trabajo en la práctica cotidiana del derecho nos termina de formar.

Cabe aclarar que tuve la misma idea pero al cuatrimestre siguiente para cursar Elementos de Derecho Penal y Procesal Penal, que era una materia anual. En este caso fui a una Fiscalía de instrucción a pedir un lugar esgrimiendo los mismos argumentos que antes con Procesal Civil. El resultado fue el mismo. La materia aprobada y las conclusiones fueron las mismas dado que si bien sabía como analizar desde la teoría del delito una estafa en triángulo o subsumir un robo con arma no apta para el disparo dentro del Código Penal no habíamos aprendido a escribir un pedio de prescripción o contar los plazos, ni saber que era una secuela de juicio. Mucho menos hacer un pedido de excarcelación. Tareas nuevamente encomendadas al práctico profesional.

En resumen, la teoría de la necesidad de trabajar para enriquecer los conocimientos teóricos adquiridos se volvía a confirmar.

Sin embargo, hubo un momento de crisis de esa teoría que llegó de la mano de haberme incorporado como ayudante alumno en Derecho Constitucional.

A fines del cuatrimestre en el cual cursé la materia, me ofrecieron sumarme al equipo lo cual me había interesado desde que fui, (Bovino diría escuché) a la primera clase. Esa experiencia cambió mi idea acerca de la necesidad de trabajar porque empecé a conocer un montón de gente que iba a cursar la materia en horarios que cualquiera de nosotros ni pensaría en ir a la facultad y lo hacía en esos momentos porque sus trabajos no le permitían ir en otra oportunidad.

La materia se daba los mates y viernes de 21.30 a 23.00. Yo era ayudante alumno y di 3 clases de la segunda parte del programa, dedicada a la parte orgánica de la Constitución, específicamente sobre juicio político y Consejo de la Magistratura.

Antes dije que mi teoría había cambiado dado que los alumnos no tenían disponibilidad horaria para cursar la materia, razón por la cual el aprendizaje que tenían era sumamente práctico. Pero luego de iniciada la cursada, apareció el verdadero desafío académico…

Digo desafío académico porque era todo un reto poder dar una clase teórica a un grupo de gente que no estaba ni siquiera en contacto indirecto con el derecho práctico. El paradigma de la maestra de música de Marino entraba en acción.

Recuerdo que ante los malos resultados de los primeros parciales nos reunimos todos los integrantes del grupo y nos pusimos a pensar seriamente como poder superar el problema de los malos rendimientos.

Fue ahí que decidí arriesgarme y proponer algo que en ese momento podía funcionar o no pero lo propuse de todas maneras. Mi idea consistía en empezar a trabajar con los casos reales, es decir, de un fallo de la corte sobre un tema X se trataba de encontrar la mayor cantidad de información y contenidos fuera del tradicional cúmulo de artículos de doctrina y los fallos relacionados. La primera clase en la cual lo pusimos en práctica fue la de juicio político.

Como era mi primera clase, había pasado preparándola más de 15 días, al momento de entrar ese viernes a las 9 de la noche con una terrible cúmulo de fotocopias en la mano, los alumnos se quedaron duros: no había ganas de nada, la semana había sido súper larga y todos tenían ganas de irse a la casa. La clase duró una hora como se acostumbraba a realizar dado que había gente que vivía lejos y necesitaba salir antes de las 11.

Lo particular de esa clase, fue que descubrimos como había que armar una clase no teórica. Dentro del juego de fotocopias que llevaba bajo el brazo estaban las impresiones de las defensas y oposiciones presentadas por cada uno de los ex jueces de la Corte que fueron removidos durante la última ola de juicios políticos y al final estaba la resolución de la comisión juzgadora.

Los resultados fueron increíbles, todos los alumnos mandaron mails durante el fin de semana diciendo que era súper entretenido leer todo lo que había pasado dentro de cada uno de esos procesos y todas las dudas que tenían las íbamos aclarando por mail el fin de semana.

Llego el martes, la clase fue mucho más distendida y todos los alumnos pudieron conocer en profundidad como era la verdadera historia de los juicios políticos a los miembros de la Corte pero no desde la repetición de memoria de las razones que esta parado frente a ellos y de espaldas al pizarrón sino mediante el acceso a los materiales vivos.

Años más tarde, pasé a formar parte del equipo de una comisión del CPO que dicta derecho constitucional profundizado y procesal constitucional.

El planteo de la falta de relación práctica con los contenidos sumamente complejos que se enseñan en una materia profundizada nos obligaba a cambiar el modo de dar la clase para poder dar a entender los conocimientos y no darlos ya procesados por nosotros, invitando los alumnos a realzar simplemente un ejercicio al mejor estilo ILVEM para aprobar la materia.

Cabe aclarar que el grupo de alumnos era completamente diferente a aquel del que cursaba a las 9 de la noche. Esta materia se daba los martes y viernes de 15.30 a 17.00, cuasi horario central de la facultad de derecho para que los alumnos que más contacto con la práctica tienen vayan a la cursar.

En la reunión de cátedra hice la misma propuesta que había hecho en la otra comisión y se decidió agregar al programa y al material de estudio, que se proporcionaba entero el primer día de la cursada, el recurso extraordinario completo presentado por el CELS en el caso del habeas corpus colectivo por las cárceles, el cual iba acompañado de la sentencia de la Corte Suprema y antes del extraordinario estaba el habeas corpus inicial.

Llegado el momento de dar la clase, los alumnos firmaron un mail conjunto alegando que eran muchas hojas las que había que leer para la bolilla de habeas corpus y solicitaban que se suprimieran algunas partes del material.

La respuesta desde la cátedra fue negativa y luego del consabido clima hostil entre los alumnos y la cátedra, no se pudo dar la clase con el contenido práctico con el que estaba diagramada. Fueron los alumnos los que decidieron dejar la práctica de lado y encargarse de memorizar los distintos artículos tanto de la Constitución como de la ley, sumados a algunos considerandos del fallo.

Lo que plantea este ejemplo de la realidad es que hay muchas veces en que el abogado que da clase desea complementar de manera práctica su clase, no porque sea un trasnochado o un denso, sino porque pasó a lo largo de su carrera universitaria por muchas aulas y comisiones y vio como en contratos (una materia anual de la UBA) nunca se mostró dentro de la clase un contrato de locación, un comprobante del impuesto de sellos respecto de una escritura y ni hablar de un ejemplar de un mísero contrato de garage como el que se celebra todos los días en la puerta de la facultad pero es el alumno el que elige quedarse dentro del bagaje teórico, esgrimiendo como causales de justificación la falta de tiempo o la superposición de exámenes.

Creo que lo que falta en estas épocas, a todos los niveles de nuestro país pero circunscripto a la realidad de nuestras épocas es un poco de sacrificio. Sacrificio para lograr llegar a ser mejores abogados en el futuro pero a costa de renunciar a muchas cosas en la actualidad.

¿Me equivoco si digo que todos nosotros, los que estamos dentro de esta burbuja del dar clases, tener un blog, escribir artículos para presentar en distintos lados, cursar algún posgrado y trabajar cada vez más horas fruto del incremento de nuestras responsabilidades, debemos resignar muchas actividades por falta de tiempo? Creo que no. La realidad de cada uno nos obliga a renunciar a muchas cosas por tratar de enriquecer nuestros conocimientos para ser mejores educadores o dar rienda media suelta a nuestras ganas de leer algún artículo que se nos da la gana sobre un tema X.

Lo que quise explicar en este apartado de mi presentación es que uno como abogado que da clase puede llevar muchos ejemplos para reventar el escritorio de cedulas, mandamientos, oficios, escritos y demás materiales propios de la práctica abogadil pero si del otro lado tiene a un grupo de personas que solamente quieren escuchar la clase y ni siquiera ponen el mínimo de compromiso para llevar leído un fallo de 5 páginas porque compraron el discurso de “la facultad no sirve para nada, es la práctica lo que te salva” esos alumnos que pretenden abandonar las aulas pronto y a cualquier precio van a terminar chocando con una muralla infranqueable de la vida profesional, LA IGNORANCIA, las cual los va a llevar a repetir hasta el cansancio la frase acerca de la inutilidad del aprendizaje en la facultad, generándose un nuevo círculo vicioso que terminará exhibiendo los horrores jurídicos básicos que vemos tanto en magistrados como abogados que se dedican al libre ejercicio de la profesión.

Quedan abiertas las puertas para otras reflexiones relacionadas con el rol del profesor de derecho, la distribución de materias, la connivencia de las facultades en que el aprendizaje sea sumamente teórico y demás, pero eso será objeto de otro post que ya estoy diagramando mentalmente y que cuando tenga el tiempo suficiente será debidamente publicado.

Por todo lo expuesto y conforme las razones invocadas, creo que el debate Bovino Marino va a ser sumamente útil para todos los abogados que damos clases y los estudiantes que vienen a escuchar las mismas.

5 comentarios:

ABovino dijo...

Estimado Francisco:

Muy bueno lo suyo, y bienvenido al debate, que es abierto. Me tomé el atrvimiento de subir en una entrada los primeros dos párrafos de tu post con enlace a éste, y de hacer una pequeña aclaración.

Gracias y saludos,

AB

Jonathan Pita dijo...

Me gustaron mucho estas líneas "...de manera paralela a la educación estrictamente teórica que nos da la facultad, el trabajo en la práctica cotidiana del derecho nos termina de formar".
Sintetizan un pensamiento colectivo que tenemos todos los estudiantes.
Coincido muchísimo en cuanto a que todo queda relegado al gran PRÁCTICO. Me hiciste acordar a cuando cursé penal del cpc con Righi... nos rompieron la cabeza todo el año con Roxin y la teoría del delito.... el resultado es que al final del curso me sabía todas las teorías y tenía una linda indigestión de Roxinismo... pero no sabía cómo hacer un pedido de excarcelación.
En la facultad tuve profesores de todo tipo y te das cuenta que cualquier tipo que se sabe de p a pa el libro Zaffaroni no puede ser llamado profesor. En una profesión tan práctica como la abogacía, lo esencial de la carrera no puede quedar relegado al último año de cursada, cuando llegamos descerebrados de tanta teoría y no sabemos para dónde dispararla!
Saludos
Jonathan Pita (EETD)

Tomás dijo...

Francisco, buena onda tu participación.

El debate quedó algo desorganizado aunque se organizará solo. Bovino disparó una punta "genérica" y yo lo encaminé en un tema muy muy específico sobre el discurso penal.

Lo que vos comentás es muy valioso. Me lleva a hacer dos reflexiones:

1) El profesor (en sentido objetivo) debe ser o aspirar a ser docente. Su trabajo no es cualquier otro; es público y tiene un poder inimaginable. Puede desde aburrir y hacer perder el tiempo, hasta definir la profesión y los estudios de una persona en una rama específica.

2) Nadie más que yo reconoce que el auditorio de los docentes es casi miserable con una falta de interés cabal y rotundo. Desde los que no hacen nada, hasta los que quieren pero la vida les pega feo (trabajo, hijos, etc.) hasta los que le ponen garra. Pero —insisto— esto sólo puede explicar que el profesor se desgane, pero nunca justificarlo. Si en un auditorio de 70 personas, sólo 2 tienen real interés, el profesor tiene que ponerle garra para que esos dos puedan sacarle jugo.

Salute.

Laura dijo...

Francisco, leo tu post y me acuerdo de la primera vez que en la práctica profesional me pidieron que redactara un contrato de locación... y yo solamente tenía como herramientas las 300 clasificaciones que me habían enseñado en la cursada de contratos...
Creo que ambas cosas son necesarias. Hace falta saber ejercer y hace falta aprender a entender un poco y dejar de dar por hecho... lo que en mi humilde opinión está faltando bastante es visión crítica. Es mover al alumno al planteo y cuestionamiento de las situaciones que se van presentando. Es muy loco que la carrera se suela enseñar como algo rígido, inflexible y con poca propensión al debate.
Y también me resulta increíble la falta de voluntad de los alumnos en general para moverse del círculo de confort que les brinda aprender de memoria un par de artículos.
Creo que para que el sacrificio sea más sencillo hace falta un poco de pasión... y de eso en derecho queda cada vez menos.

Me acuerdo las palabras de mi jefe en mi primer día de trabajo: "lo que aprendiste en la facultad, acá no te va a servir... y lo que aprendas acá, no te va a servir para la facultad..."
No estoy de acuerdo pero si siento que es una realidad cada vez menos lejana.

Agustín Eugenio Acuña dijo...

Muchachos:

Teoría y práctica van de la mano, es innegable, no hay que desmerecer la teoría, hay que buscarle el lado práctico.

Hay que hacer una autocrítica: alumnos que memorizan sin entender, alumnos que leen sin comprender, alumnos que estudian de apuntes, alumnos que estudian de las respuestas a las preguntas de parciales de años anteriores, alumnos sin capacidad crítica, alumnos que no tienen su propio criterio, alumnos que no se preguntan para qué le sirve lo que estudia, alumnos que no le preguntan al profesor para qué le sirve lo que enseña.

Profesores que leen el código y después te piden cosas de memoria, profesores que llegan tarde y se van temprano, profesores que no explican el valor de las teorías en la práctica, profesores que no citan a la jurisprudencia, profesores que no permiten la disidencia.

Y muchachos, un poco de realismo: ni la facultad ni el trabajo nos van a dar todo. Sería iluso creer que en u cuatrimestre vamos a saber derecho penal parte general por ejemplo.

El derecho se estudia todos los días, porque como dijo Couture, sino, serás abogado un poco menos cada día.

¡Movilicémosnos! ¡No seamos frescos! ¡Con Internet y Google tenemos dos herramientas fantásticas! ¿Qué hacía la gente antes? Hoy conseguís modelos de escritos y contratos, y leyes, y constituciones y notas, y blogs como este. Es la verdad. El mundo está afuera, está alrededor nuestro, inclusive en los libros que te traen muchas veces sincericidios diciendo "bueno, esto dice la ley, pero en la práctica esto se hace así y asá". ¡Leamos! ¡Estudiemos! Si los profesores no se ponen las pilas, a movernos nosotros.

Bueno, no sé, estoy caliente, no sé, hay mucha tela para cortar.

Celebro el debate. Me gusta pensar que hay gente que piensa diferente, críticamente sobre la enseñanza del derecho.