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7/6/09

CANDIDATURAS TESTIMONIALES: ¿VOLUNTAD DE ASUMIR O PUBLICIDAD ELECTORAL? - Reflexiones sobre un fallo “democráticamente correcto”

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Dedicado a Santiago Flores, profesor, referente,
compañero de cátedra y proyecto de amigo
con quien espero encontrarme en algún lugar del tiempo,
dado que el destino quiso que dejara este mundo hace ya 6 meses.





Finalmente, luego de leer por completo el fallo y destacar algunos párrafos a los cuales haré mención a lo largo de estas líneas, he llegado a algunas primeras conclusiones - que irán acompañadas de un artículo mas extenso proximamente- las cuales espero que motiven la discusión y el debate acerca del “último fenómeno electoral” como lo llamé en mi comentario del 20 de abril.

La idea que reside tras estos párrafos, consiste en tratar de analizar desde la óptica más imparcial posible, el hecho de que la Cámara Nacional Electoral en un fallo dividido de 2 a 1 resolvió que tanto Daniel Scioli como Sergio Massa pueden ser candidatos a Diputados por la Provincia de Buenos Aires, sin perjuicio de que actualmente se encuentran desempañando cargos de mayor trascendencia decisional o si se quiere de mayor importancia política tanto en el ámbito provincial como nacional.

El holding del fallo, reside en la expresión de voluntad por parte de ambos candidatos acerca de que, en caso que resultaran elegidos, asumirían los cargos para los cuales se están postulando y alrededor de esta manifestación orbitan los considerandos de la sentencia, que van desde la posibilidad de que ello consista en una simple promesa no vinculante para los candidatos, hasta la interpretación conforme el principio de “buena fe.

El voto de la mayoría lleva las firmas de Santiago Corcuera y Rodolfo Munné mientras que el solitario voto disidente fue de Alberto Dalla Vía.

Con esta resolución de la Cámara Electoral se pone fin, creo, a la discusión sobre las candidaturas testimoniales o “eventuales” (como también se las llama a lo largo de los considerandos) dado que no veo la posibilidad de que la Corte Suprema decida intervenir en el tema y sobretodo, en caso que intervenga, lo haga con una antelación suficiente a la realización de los comicios.

Desde un punto de vista macroscópico, a mi entender, el fallo es “democráticamente correcto” dado que las posturas de los jueces que forman parte de la mayoría son sumamente compatibles con el coexistir ciudadano que exige la vida en democracia que invita a una lucha electoral.

Asimismo, considero que el fallo es “democráticamente correcto” porque reconoce en cabeza de la masa de los electores de la Provincia de Buenos Aires, la decisión final acerca de la aprobación última tanto de las candidaturas de Scioli y Massa como la evaluación de la correspondiente situación de acefalía en que quedaría la Provincia de Buenos Aires en caso que tanto su gobernador y vicegobernador asuman los cargos para los cuales se están postulando en estas elecciones legislativas.

Finalmente considero que es una sentencia “democráticamente correcta” porque no sólo apela a la conciencia de los electores al momento de encerrar la expresión de su voluntad dentro del sobre que luego irá ala urna sino que también presume la buena fe de los candidatos cuestionados por la oposición al momento de presentarse ante el Tribunal y expresar que eventualmente (si resultaran electos se entiende) van a asumir los cargos para los que se postulan voluntariamente.

Sobre estos primeros temas, el voto de la mayoría destacó:
"... en los comicios, el elector concede su asentimiento a una candidatura por medio del sufragio. En virtud de dicha candidatura el que solicita los sufragios ha presentado un programa que, en lo posible, tratará de realizar”

Por ello -y como se ha explicado- “es razonable exigir que los candidatos hagan, al ser nombrados, una declaración comprometiéndose a ocupar sus escaños si son elegidos”

Que, precisamente con este fin, el ordenamiento electoral exige que, para la oficialización de una candidatura, el ciudadano cuya postulación se pretende manifieste de modo expreso su aceptación. En tal sentido, la ley 23.298 prevé que “la constancia de la aceptación de las candidaturas por los candidatos, deberá[] ser remitida[] [porel partido] al juez federal con competencia electoral, en oportunidad de requerirse la oficialización de las listas” (artículo 22, in fine).-

Dicha aceptación supone naturalmente la intención de quien la suscribe de ejercer el cargo para el que se postula, en caso de resultar electo.-

“…en este caso, de las constancias agregadas a la causa se desprende que los señores Scioli y Massa aceptaron las candidaturas a diputados nacionales impugnadas en el sub examine, circunstancia que traduce inicialmente su pretensión de asumir los respectivos mandatos representativos.-

Los recortes periodísticos arrimados por los impugnantes no logran controvertir tal constatación pues, además de ser anteriores a la expresión de voluntad referida (cf. artículo 22, in fine, ley 23.298 cit.), la aceptación de una candidatura a un cargo representativo no constituye una mera formalidad sino que representa un compromiso de quien la presta frente al electorado respecto de su ulterior comportamiento.-

Por lo demás, ninguna declaración complementaria -por más actualizada y explícita que fuera esa manifestación de voluntad- alcanzaría a satisfacer una pretensión de certeza -como la que se infiere de la apelación examinada- respecto de las conductas futuras de los candidatos es preciso resaltar que no corresponde a los tribunales juzgar las acciones futuras, sino que -en un supuesto como el de autos- es necesario esclarecer exclusivamente el sentido de la manifestación de voluntad; es decir, de aquella que el régimen jurídico ha definido como relevante. Lo contrario conduciría en última instancia a la exorbitante e irrazonable pretensión de requerir diariamente -o incluso en lapsos aun más breves- una ratificación de aquella expresión.-

En tales condiciones y toda vez que, mediante la precedente declaración, los candidatos reafirman explícitamente su voluntad y disposición de asumir -en el caso de resultar electos- los respectivos cargos de diputados nacionales, las impugnaciones planteadas en este sentido carecen actualmente de virtualidad. En efecto, no sería jurídicamente posible -en modo alguno- privar a los mencionados ciudadanos del ejercicio de sus derechos políticos reconocidos en la Constitución Nacional y en numerosos tratados internacionales sobre la base de una supuesta voluntad personal que terceros les adjudican pero que ellos mismos controvierten en este proceso judicial.-

La aceptación de las candidaturas sumada a la presentación espontánea mencionada traducen indefectiblemente al día de hoy la voluntad de los candidatos de asumir los cargos para los que se postulan; sin que quepa atribuir a la palabra “eventualmente” utilizada en ese escrito, otro sentido que no sea el de hallarse sujeto a un evento; en este caso, naturalmente, el resultado de la elección.-

La situación examinada es, en este aspecto, idéntica a la que se verifica en la conformación de cualquier vínculo jurídico. Cuando los contrayentes prestan el consentimiento legalmente exigido, no puede saberse si son sinceros o no, así como tampoco puede determinarse ab initio si alguno de ellos pretenderá luego rescindirlo.-

Volviendo con el análisis de la sentencia, considero que es un fallo que por tocar una fibra sumamente sensible en el contexto actual de crisis de representación en que nos encontramos inmersos, el cual va acompañado de la extinción cuasi definitiva de los partidos políticos y la conciencia ciudadana a nivel electoral, ha sido demasiado analizado desde la óptica de los medios de comunicación que no permanecen ajenos a las peleas de semi fondo previas al “28 J”.

Digo esto, dado que de la misma resolución surge que fueron los apelantes quienes pretendieron probar la falta de voluntad – y el hipotético fraude al electorado – de los candidatos oficialistas por medio de diferentes recortes periodísticos de los cuales surgiría que en lugar de Scioli y Massa serían otros candidatos los que ocuparían las bancas obtenidas por el Frente para la Victoria en caso de resultar ganador en las elecciones legislativas.

Sobre este tema, en su voto disidente del juez Dalla Via sostiene:

Que tanto a la luz de la prueba agregada a este expediente, referida a la participación de los candidatos Daniel Osvaldo Scioli y Sergio Tomás Massa en notas periodísticas, como las aportadas por el apoderado del “Frente Justicialista para la Victoria” -intentando demostrar que los mismos no han manifestado que no asumirían sus cargos-, este Tribunal ha tenido la oportunidad de formar su propia convicción sobre un debate al que los miembros de esta Cámara asisten también en su condición de ciudadanos, y sin perjuicio de la función de magistrados que les corresponde ejercer.-

En tal sentido, debe destacarse el manifiesto estado de incertidumbre que existe en la opinión pública sobre la voluntad de asumir por parte de los En tal sentido, debe destacarse el manifiesto estado de incertidumbre que existe en la opinión pública sobre la voluntad de asumir por parte de los candidatos cuestionados. Tal estado de incertidumbre excede del accionar que hipotéticamente pueda imputársele a algunos medios de comunicación para incluir a los propios impugnados quienes en distintas entrevistas concedidas en programas de amplia difusión han eludido cualquier respuesta clara y concreta sobre el particular.-

Lo que me parece repugnante desde el punto de vista de la democracia representativa en la cual vivimos, es la utilización de figuras con mayor atracción electoral en pos de obtener una determinada cantidad de votos que permita a la agrupación (porque no es un partido) ganar la elección.

Me opongo terminantemente, a la utilización de aquellos que tienen “mejor llegada” con la gente y solamente cumplen la función de recaudadores de votos como si una elección fuera una colecta en vez de un acto tan importante de cara al presente y futuro de nuestro país.

Me niego, a convivir con un sistema en el cual los recaudadores electorales cumplan tan sólo esa función. Considero que traicionar al pueblo que deposita en él la confianza del voto es lo único que un candidato no puede hacer dado que el acto eleccionario - al igual que las fotografías de las cámaras instantáneas - es un hecho único e irrepetible que no tiene posibilidad alguna de ser enmendado o corregido.

Me opongo, a la subestimación del electorado por parte de los representantes en ejercicio de sus funciones y de los ex representantes que desean volver a los puestos de vanguardia, creo que es algo poco serio e irrespetuoso.

Espero que aquellos votantes de la Provincia de Buenos Aires, que no apoyan las candidaturas testimoniales, den rienda suelta a su voluntad electoral al momento de entrar al cuarto oscuro. Considero que esa decisión -la mas plural y democrática de todas- será mucho más valiosa que una sentencia de la Corte Suprema que al igual que en otros tantos casos de naturaleza puramente política, han resultado impracticables.

Para finalizar, creo que como sociedad, debemos permanecer atentos a las circunstancias que se están desarrollando y sea cual sea el resultado del famoso “28 J” y los pasos a seguir por los candidatos oficialistas en caso que resulten electos, realicemos un profundo examen de conciencia cívica para analizar si como pueblo hemos sido subestimado por aquellos que se comprometieron por escrito a asumir los cargos para los cuales se postulaban o si en caso contrario, la lealtad a la agrupación política a la que pertenecen ha sido más fuerte que la confianza depositada tiempo atrás, en el ejemplo de Scioli y el vicegoberndor Ballestrini, cuando fueron elegidos para dirigir los destinos de la Provincia de Buenos Aires.

1 comentarios:

Sol dijo...

Perdón que no tiene nada que ver con el tema, pero Santiago Flores es el profesor que daba clases con vos en la cátedra de Corcuera?